La revisión normativa y la UNE 100030:2026 sitúan el foco en una cuestión de ingeniería: verificar cómo se comporta el agua en cada etapa de la red, no solo en los puntos donde resulta más sencillo medir

Imaginemos una inspección rutinaria en un edificio con producción centralizada de agua caliente sanitaria (ACS). El acumulador final registra 61 °C y el retorno general, 52 °C. Las lecturas parecen compatibles con las condiciones de servicio previstas.
Sin embargo, al comprobar un retorno secundario de una planta alejada se observan 44 °C. El dato no demuestra la presencia de Legionella, pero cambia la pregunta: ¿Qué ocurre en ese ramal para que su comportamiento térmico no sea el del conjunto de la instalación?
Una bomba que funciona y dos temperaturas correctas en la central no permiten descartar una derivación mal equilibrada, una recirculación insuficiente o una zona con baja renovación.
Es una situación hipotética, pero describe una dificultad real de las redes complejas: los controles realizados en cabecera no siempre representan las condiciones existentes donde finalmente se utiliza el agua.
A partir de esa diferencia entre el dato global y la instalación real puede leerse el sentido de los últimos desarrollos reglamentarios y técnicos.
Una exigencia reglamentaria que empieza en el plano
El Real Decreto 487/2022, con las modificaciones introducidas por el RD 614/2024, vincula la prevención y el control de la legionelosis con el diseño, la explotación y el mantenimiento de las instalaciones.
En los sistemas de ACS exige, entre otras condiciones, que toda el agua del acumulador final alcance una temperatura homogénea mínima de 60 °C y que la distribución y el retorno se mantengan por encima de 50 °C.
También exige que la instalación pueda alcanzar 70 °C cuando sea necesario realizar una desinfección térmica. No basta, por tanto, con consignar un valor en la producción si la geometría hidráulica impide mantenerlo en la red.
En nuestro ejemplo, la lectura de 44 °C obliga a verificar primero el punto de medida y después el funcionamiento del sector: caudal real de recirculación, equilibrado de retornos, válvulas de regulación, aislamiento y existencia de ramales con escasa renovación.
El plan de prevención y control de Legionella (PPCL) o, cuando proceda, el plan sanitario frente a Legionella (PSL) deben incorporar esa realidad física. Aumentar la consigna en la sala de máquinas sin investigar el reparto de caudales puede elevar el consumo y dejar intacta la causa de la desviación.
El RD 3/2023 añade una perspectiva complementaria sobre la calidad del agua de consumo: determinados edificios prioritarios, deben disponer de un Plan Sanitario del Agua (PSA).
El PSA y el PPCL o PSL no son intercambiables, aunque comparten información esencial: esquema actualizado, puntos desfavorables, condiciones de uso y resultados de control.
Su lectura conjunta recuerda que el riesgo no se localiza exclusivamente en el equipo de producción, sino que puede aparecer a lo largo de todo el recorrido hasta el punto de uso.

Qué aporta realmente la UNE 100030:2026
La nueva UNE 100030:2026, publicada en septiembre y sustitutiva de la edición de 2023, profundiza precisamente en esa lectura de la instalación como un conjunto de etapas. La norma ofrece criterios de aplicación técnica, pero las obligaciones reglamentarias deben comprobarse en los reales decretos y en las remisiones que resulten aplicables.
La utilidad de evaluar por etapas se aprecia al volver al retorno secundario del ejemplo. Producción, acumulación, distribución, recirculación y terminales no comparten necesariamente las mismas condiciones ni barreras de control. Una lectura satisfactoria en el acumulador no corrige un tramo desequilibrado; tampoco un resultado microbiológico favorable obtenido en un punto caracteriza por sí solo toda una red extensa. La evaluación debe identificar dónde se genera la desviación, qué exposición puede producirse y qué medida de control es verificable en ese lugar.
También es una cuestión de proyecto. La estratificación en acumuladores, la ubicación de tomas y purgas, el trazado de derivaciones, el equilibrado de retornos y la integración de sistemas renovables condicionan el funcionamiento posterior. En particular, cuando una etapa de precalentamiento no permite asegurar la temperatura requerida, el esquema debe incorporar la elevación térmica final antes de distribuir el ACS. Lo que se resuelve o se deja sin resolver en planos y obra termina apareciendo después en los registros de mantenimiento.
La inspección encuentra el problema; el histórico ayuda a explicarlo
Una comprobación puntual permite detectar los 44 °C, pero no indica si esa temperatura aparece cada noche, solo después de periodos de bajo consumo o desde una modificación reciente del circuito.
Para investigar la causa es útil relacionar medidas hidráulicas, horarios de funcionamiento, intervenciones ejecutadas y series temporales. La temperatura describe las condiciones térmicas; el cloro libre residual informa sobre el desinfectante disponible; el pH condiciona la eficacia de determinados tratamientos; y el potencial redox aporta información sobre el estado oxidante del agua, sin sustituir la medida específica del biocida.
La monitorización de estas variables, por ejemplo mediante la tecnología ULBIOS Water, permite reconocer tendencias y comprobar si una corrección se mantiene. En un sector intervenido puede compararse el comportamiento del retorno antes y después del equilibrado, en lugar de limitar la verificación a una única lectura tras la puesta en servicio.
La señal de un biosensor de biofilm puede aportar información complementaria sobre la evolución biológica en su propia superficie instrumentada, pero no representa por sí sola toda la red ni identifica específicamente Legionella.
Aquí conviene distinguir tres evidencias que a menudo se confunden: una condición operativa desfavorable, una estimación de riesgo y un resultado microbiológico.
La primera justifica investigar; la segunda ayuda a priorizar; el tercero requiere los procedimientos de muestreo y análisis correspondientes. Ninguna serie de temperatura o de potencial redox sustituye los controles microbiológicos exigibles ni permite declarar segura una instalación por sí sola.

De interpretar las señales a anticipar la siguiente desviación
La siguiente dificultad consiste en analizar señales que cambian a la vez. Si en el retorno secundario disminuye la temperatura y, en otro punto del sistema, se modifica el desinfectante residual o aumenta la señal de bioactividad, no debe inferirse automáticamente una misma causa.
Hay que comprobar ubicación, secuencia temporal, calidad de la medida y relación hidráulica entre los puntos. Es en esta interpretación multivariable donde se sitúa la metodología patentada de ULBIOS para la predicción del riesgo de crecimiento de Legionella, cuyo objeto es integrar parámetros fisicoquímicos y biológicos y su evolución temporal como apoyo a la decisión técnica.
Sobre esta línea se desarrolla LEGIOALERT, proyecto de I+D subvencionado mediante NextGenerationEU, orientado a combinar biosensorización, IoT e inteligencia artificial.
Su interés técnico está en investigar cómo transformar series de datos heterogéneas en avisos interpretables y trazables para priorizar inspecciones y contrastar hipótesis.
Volviendo al punto de partida, la instalación no mejora porque el acumulador marque 61 °C ni porque una plataforma genere una alerta: mejora cuando se localiza la causa de los 44 °C, se corrige el circuito y se demuestra que la corrección permanece.
Eso puede requerir un diagnóstico del estado de las redes y, si hay que intervenir en la infraestructura, revisar la compatibilidad de los materiales de conducción con la temperatura, la presión y los tratamientos previstos.
La reglamentación define las condiciones que deben mantenerse, la UNE ayuda a ordenar su evaluación y la instrumentación permite observar si esas condiciones se sostienen durante la explotación.
El objetivo común no es producir más datos, sino cerrar la distancia entre una instalación conforme sobre el papel y una instalación que funciona correctamente en cada uno de sus ramales.


