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Miércoles, 29 Abril 2026 09:54

Análisis técnico de la corrosión en sistemas HVAC: ¿Fallo de los materiales o error de diseño? Normas UNE vs RITE

AMAZONIAN HVAC ANALISIS CORROSION 0La correcta comprensión de la corrosión en sistemas HVAC no puede limitarse al análisis de normas técnicas específicas sobre materiales o agua, sino que debe integrarse dentro del marco reglamentario que rige las instalaciones térmicas en los edificios

 

 

 

En este contexto, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) establece las exigencias fundamentales en materia de eficiencia energética, seguridad y mantenimiento, incorporando de forma implícita la necesidad de controlar los procesos de degradación como la corrosión.

El RITE, a través de sus Instrucciones Técnicas, especialmente en lo relativo a la calidad de los fluidos caloportadores, el mantenimiento de las instalaciones y la durabilidad de los equipos, exige que los sistemas térmicos mantengan sus prestaciones a lo largo del tiempo. 

Esta exigencia conecta directamente con los principios desarrollados en la UNE-EN 12502-3 y la UNE 112076, que permiten comprender y controlar uno de los principales mecanismos de pérdida de rendimiento: la corrosión.

Desde la perspectiva de la UNE-EN 12502-3, el comportamiento del galvanizado en contacto con el agua depende de parámetros químicos como el pH, la alcalinidad, el contenido de CO2 y la presencia de sales disueltas. Estos factores determinan la estabilidad del material y, por tanto, la durabilidad de los componentes. El RITE, al exigir el control de las características del agua en los circuitos, está indirectamente obligando a que estos parámetros se mantengan dentro de rangos compatibles con la estabilidad de los materiales, evitando así procesos de degradación prematura.

Por su parte, la UNE 112076 amplía este enfoque al considerar la corrosión como un fenómeno sistémico, donde intervienen el diseño hidráulico, la selección de materiales, la calidad del agua y el mantenimiento.

Este planteamiento se alinea de forma directa con las exigencias del RITE en materia de diseño y mantenimiento de instalaciones térmicas. El reglamento no solo exige que las instalaciones funcionen correctamente en el momento de su puesta en servicio, sino que mantengan sus condiciones de seguridad y eficiencia a lo largo de toda su vida útil. Esto implica necesariamente el control de la corrosión como parte del mantenimiento preventivo.

La relación entre ambas normas y el RITE se hace especialmente evidente en los programas de mantenimiento. El reglamento establece la obligatoriedad de realizar operaciones periódicas de revisión, control y limpieza de los sistemas, así como el seguimiento de parámetros que afectan al rendimiento. La UNE 112076 concreta estos requisitos al indicar que la monitorización de la calidad del agua, la detección de procesos corrosivos y la intervención temprana son elementos esenciales para garantizar la durabilidad de la instalación.

Además, el RITE introduce el concepto de eficiencia energética, que está directamente condicionado por el estado de los sistemas. La presencia de corrosión, incrustaciones o depósitos reduce la transferencia térmica, aumenta las pérdidas de carga y eleva el consumo energético. En este sentido, la aplicación de los criterios establecidos en la UNE-EN 12502-3 y la UNE 112076 no solo contribuye a la durabilidad de los materiales, sino que es un requisito implícito para el cumplimiento de los objetivos energéticos del reglamento.

En definitiva, la integración de estas normas con el RITE permite establecer un enfoque completo de la gestión de la corrosión en sistemas HVAC. Mientras que las normas técnicas aportan el conocimiento necesario para entender y controlar el fenómeno, el reglamento establece la obligatoriedad de aplicar estos criterios en el diseño, la ejecución y el mantenimiento de las instalaciones.

INTEGRACIÓN DEL ARTICULADO DE UNE-EN 12502-3 Y UNE 112076

La corrosión en sistemas HVAC no puede entenderse como un fenómeno aislado asociado exclusivamente a los materiales. El análisis conjunto de la UNE-EN 12502-3 y la UNE 112076 establece con claridad que se trata de un proceso multivariable donde intervienen simultáneamente la química del agua, el diseño hidráulico, las condiciones de operación y las estrategias de mantenimiento. Ambas normas, lejos de ser redundantes, se complementan: una define el comportamiento del material galvanizado frente al agua, mientras la otra establece el marco global de prevención en instalaciones reales.

Desde el punto de vista del articulado, la UNE-EN 12502-3 inicia su desarrollo estableciendo que el objetivo no es prescribir soluciones, sino evaluar el riesgo de corrosión en términos probabilísticos. Este enfoque es clave, ya que rompe con la práctica habitual del sector de buscar soluciones universales. La norma introduce desde su primer artículo una idea fundamental: el galvanizado no es un sistema de protección absoluto, sino condicionado. Su comportamiento dependerá directamente de la interacción entre el zinc y el medio acuoso, lo que obliga a analizar previamente la calidad del agua antes de tomar cualquier decisión de diseño.

En el desarrollo de los artículos relativos a los mecanismos de corrosión, la norma describe el comportamiento electroquímico del galvanizado, donde el zinc actúa como ánodo sacrificable frente al acero base. Este proceso, que en condiciones controladas proporciona una protección eficaz, se ve alterado por la presencia de dióxido de carbono, variaciones de pH, concentración de cloruros y sulfatos, así como por la alcalinidad del agua.

La norma no se limita a enumerar estos parámetros, sino que establece implícitamente su papel en la formación o destrucción de capas protectoras. Cuando estas capas son estables, el sistema entra en un estado de pasivación relativa; cuando no lo son, se produce una disolución progresiva del zinc que expone el acero, iniciando procesos de corrosión más agresivos.

El análisis de los tipos de corrosión, recogido en la norma es especialmente relevante para sistemas HVAC. La corrosión uniforme, a menudo considerada negativa, puede ser en realidad un mecanismo de protección si su velocidad es baja y permite la formación de capas estables. Sin embargo, la norma advierte que bajo determinadas condiciones esta misma corrosión puede acelerarse, provocando la pérdida total del recubrimiento. 

Más crítico aún es el caso de la corrosión localizada, especialmente en forma de picaduras, donde el daño se concentra en puntos específicos generando perforaciones sin una pérdida previa significativa de material. Este tipo de fallo es el más frecuente en instalaciones reales y el más difícil de detectar en fases tempranas.

En paralelo, la UNE 112076 desarrolla un enfoque completamente distinto, centrado no en el material, sino en el sistema. Desde su articulado inicial establece que la corrosión debe analizarse considerando el conjunto de la instalación, incluyendo circuitos abiertos y cerrados, lo que la convierte en una norma directamente aplicable al ámbito HVAC. En este contexto, introduce los fundamentos electroquímicos de la corrosión, definiendo la necesidad de la presencia de ánodo, cátodo y electrolito. 

Dado que en sistemas HVAC el agua actúa de forma permanente como electrolito, la norma deja claro que la corrosión no es una posibilidad, sino una certeza. El objetivo, por tanto, no es evitarla, sino controlarla.

Uno de los aspectos más relevantes del articulado de la UNE 112076 es la identificación de los factores que generan diferencias de potencial dentro de un mismo material.

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La norma señala que no es necesario disponer de metales distintos para que exista corrosión; basta con la presencia de heterogeneidades, tensiones internas o diferencias de aireación. 

Esto tiene una implicación directa en la ejecución de instalaciones, donde elementos como soldaduras, cambios de sección o zonas con acumulación de aire se convierten en puntos críticos de inicio de corrosión.

El desarrollo de la corrosión exterior en la norma introduce el papel del diseño como factor determinante. La acumulación de humedad, la falta de drenaje o el contacto entre metales incompatibles no son considerados defectos secundarios, sino causas directas de degradación. En el caso del galvanizado, la norma remite a la durabilidad en función de la categoría ambiental, estableciendo que la vida útil depende tanto del espesor como del entorno. Esto refuerza la idea de que ningún sistema de protección es permanente.

En cuanto a la corrosión interior, la UNE 112076 pone el foco en la calidad del agua y en la diferencia entre circuitos abiertos y cerrados. En los sistemas cerrados, la estabilidad del agua permite un mayor control, siempre que se implementen estrategias adecuadas de tratamiento. Sin embargo, en circuitos abiertos, la renovación continua introduce oxígeno y variabilidad química, incrementando significativamente el riesgo de corrosión. Este punto conecta directamente con los criterios de la UNE-EN 12502-3, evidenciando que el comportamiento del galvanizado no puede analizarse sin considerar el tipo de circuito.

El mantenimiento, desarrollado en los artículos finales de la UNE 112076, se presenta como un elemento estructural del sistema, no como una acción correctiva. La norma establece la necesidad de monitorizar parámetros, controlar el estado de los componentes y actuar de forma preventiva. Esta visión contrasta con la práctica habitual del sector, donde el mantenimiento se realiza de forma reactiva tras la aparición del fallo.

A partir del análisis conjunto de ambas normas, se pueden establecer estrategias claras de actuación en función del tipo de corrosión. 

En el caso de corrosión uniforme controlada, la intervención debe centrarse en mantener las condiciones del agua que favorezcan la formación de capas protectoras, evitando variaciones bruscas de pH o contenido de CO2. Para la corrosión localizada, es imprescindible implementar sistemas de inspección periódica, identificar puntos críticos y actuar antes de que se produzca la perforación. En situaciones de corrosión bimetálica, la única solución efectiva es la correcta selección de materiales y el aislamiento eléctrico entre ellos.

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En definitiva, el análisis del articulado de ambas normas conduce a una conclusión inequívoca: la corrosión en sistemas HVAC no es un problema de materiales, sino de diseño y gestión. El agua actúa como elemento central del proceso, el diseño define las condiciones en las que este proceso se desarrolla y el mantenimiento determina su evolución en el tiempo. Ignorar cualquiera de estos factores implica asumir un fallo futuro.

UNE-EN 12502-3. CORROSIÓN DE MATERIALES METÁLICOS EN CONTACTO CON AGUA

PARTE 3: SISTEMAS GALVANIZADOS

  • Objeto y campo de aplicación

La norma establece un marco técnico para la evaluación del comportamiento frente a la corrosión de los materiales galvanizados en contacto con agua destinada al consumo humano o a usos técnicos equivalentes. 

A diferencia de otras normas de carácter prescriptivo, este documento no define soluciones cerradas ni métodos de protección obligatorios, sino que introduce un enfoque basado en la evaluación del riesgo, donde el comportamiento del material depende de la interacción entre múltiples variables.

Este planteamiento implica que el galvanizado no puede considerarse una solución universal frente a la corrosión. Su eficacia está condicionada por la composición química del agua, por las condiciones hidráulicas del sistema y por la evolución temporal de ambos factores. La norma, por tanto, obliga al proyectista o técnico a abandonar el enfoque simplista basado en la selección de materiales y adoptar un criterio de análisis sistémico.

Desde el punto de vista de aplicación en HVAC, este artículo tiene una implicación directa: cualquier sistema que utilice acero galvanizado en contacto con agua, ya sea en redes de distribución, acumulación o circuitos abiertos, debe ser evaluado previamente en función del agua disponible y de las condiciones de operación previstas. No hacerlo implica asumir un comportamiento desconocido del material a lo largo del tiempo.

  • Referencias normativas

La norma establece su dependencia de otros documentos técnicos que definen tanto el comportamiento general de la corrosión como las características del agua.

Este aspecto, que puede parecer formal, tiene una implicación técnica profunda: el análisis del galvanizado no puede realizarse de forma aislada.

En particular, la referencia a documentos de definición de términos de corrosión y a normas generales de comportamiento en sistemas de agua indica que esta parte debe interpretarse dentro de un marco más amplio. Esto implica que cualquier evaluación debe integrar:

  • Conceptos electroquímicos básicos
  • Criterios de calidad del agua
  • Mecanismos generales de corrosión

En la práctica, esto significa que el técnico no puede limitarse a observar el material instalado, sino que debe comprender el sistema completo. El galvanizado es únicamente una parte del problema, no su solución.

  • Términos, definiciones y símbolos

La norma introduce una serie de parámetros químicos que, lejos de ser meramente descriptivos, constituyen las variables críticas que determinan el comportamiento del sistema. Entre ellos destacan el pH, la concentración de dióxido de carbono libre, la alcalinidad, los bicarbonatos, los cloruros, los sulfatos y el contenido en calcio.

Cada uno de estos parámetros interviene de forma directa en el equilibrio químico del agua y, por tanto, en la estabilidad del zinc. 

El pH, por ejemplo, condiciona la solubilidad del zinc y la posibilidad de formación de capas protectoras. Un pH bajo favorece la disolución del material, mientras que valores más elevados pueden permitir la formación de películas estables.

El dióxido de carbono actúa como agente acidificante, incrementando la agresividad del agua y favoreciendo la corrosión. Por su parte, los cloruros y sulfatos incrementan la conductividad del medio y favorecen la aparición de fenómenos localizados, especialmente en condiciones de heterogeneidad.

La alcalinidad y la dureza, asociadas a la presencia de bicarbonatos y calcio, pueden contribuir a la formación de depósitos protectores, aunque en determinadas condiciones también pueden generar incrustaciones que alteran el comportamiento hidráulico del sistema.

La norma, al definir estos parámetros, está estableciendo implícitamente que cualquier análisis de corrosión debe comenzar por un estudio detallado del agua. Sin este análisis, cualquier decisión sobre materiales carece de base técnica.

  • Tipos de corrosión en sistemas galvanizados

GENERALIDADES

El galvanizado no es una capa homogénea de zinc puro. Está formado por diferentes fases metalúrgicas, incluyendo aleaciones de zinc y hierro, cuya distribución y comportamiento varían en función del proceso de fabricación. Esta heterogeneidad implica que el comportamiento frente a la corrosión no es uniforme.

Además, la evolución del material en servicio no es estática. A medida que el zinc se consume, la superficie expuesta cambia, apareciendo productos de corrosión que pueden modificar el comportamiento del sistema.

Esta evolución temporal es clave para entender por qué instalaciones aparentemente correctas pueden fallar tras años de funcionamiento.

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CORROSIÓN UNIFORME

La corrosión uniforme se caracteriza por una pérdida homogénea de material en toda la superficie. Sin embargo, la norma introduce un matiz fundamental: esta corrosión no es necesariamente negativa.

En condiciones controladas, la corrosión uniforme puede dar lugar a la formación de capas protectoras estables compuestas por carbonatos y óxidos de zinc. 

Estas capas reducen la velocidad de corrosión y pueden prolongar la vida útil del sistema.

Sin embargo, cuando las condiciones del agua no son adecuadas, este mismo proceso puede acelerarse, provocando la disolución continua del zinc sin formación de capas protectoras. En este caso, el galvanizado pierde rápidamente su función y el acero base queda expuesto.

Los factores que determinan este comportamiento incluyen el pH, la concentración de CO2, la renovación del agua y la temperatura. En sistemas HVAC, donde pueden existir zonas de estancamiento o variaciones de temperatura, este tipo de corrosión debe analizarse con especial atención.

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CORROSIÓN POR PICADURAS

La corrosión por picaduras es el mecanismo de fallo más crítico en sistemas galvanizados. Se produce de forma localizada, generando pequeñas cavidades que pueden evolucionar hasta perforar completamente el material.

Este tipo de corrosión está asociado a la presencia de heterogeneidades en la superficie, a diferencias de aireación o a la acumulación de depósitos. Los cloruros juegan un papel especialmente importante en su desarrollo, ya que favorecen la ruptura de las capas protectoras.

Desde el punto de vista operativo, su principal problema es que no presenta síntomas visibles previos. El sistema puede parecer en buen estado hasta que se produce la fuga, lo que dificulta enormemente su detección y prevención.

CORROSIÓN SELECTIVA

La corrosión selectiva implica la degradación preferente de una de las fases del material. En el caso del galvanizado, esto puede afectar a las capas de aleación, modificando la estructura interna del recubrimiento.

Este proceso debilita el material de forma progresiva y puede facilitar la aparición de otros mecanismos de corrosión más agresivos. Aunque menos visible que la corrosión por picaduras, su efecto acumulativo puede ser igualmente crítico.

CORROSIÓN BIMETÁLICA

La corrosión bimetálica se produce cuando dos metales con diferente potencial electroquímico están en contacto en presencia de un electrolito. En este caso, uno de los metales actúa como ánodo y se corroe preferentemente.

En sistemas HVAC, este fenómeno es especialmente relevante debido a la frecuente combinación de materiales como cobre, acero galvanizado y acero inoxidable. La norma deja claro que estas combinaciones deben analizarse cuidadosamente, ya que pueden acelerar significativamente la degradación del galvanizado.

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  • Evaluación del riesgo de corrosión

La norma concluye estableciendo que la corrosión en sistemas galvanizados debe evaluarse en términos de probabilidad, no de certeza. Esto implica considerar simultáneamente todos los factores que influyen en el sistema:

  • Composición química del agua
  • Variaciones temporales
  • Diseño hidráulico
  • Condiciones de operación
  • Puesta en servicio

Este enfoque obliga a adoptar una metodología de análisis basada en la recopilación de datos, la monitorización y la experiencia. No existen soluciones universales ni criterios simplificados que garanticen el comportamiento del sistema.

En la práctica, esto se traduce en la necesidad de realizar análisis previos del agua, diseñar sistemas que minimicen las condiciones de riesgo y establecer programas de mantenimiento que permitan detectar desviaciones antes de que se produzca el fallo.

UNE 112076 PREVENCIÓN DE LA CORROSIÓN EN INSTALACIONES DE AGUA

  • Objeto y campo de aplicación

La norma UNE 112076 establece los criterios técnicos necesarios para la prevención de la corrosión en instalaciones interiores de agua, tanto en circuitos abiertos como cerrados. 

A diferencia de la UNE-EN 12502-3, cuyo enfoque está centrado en el comportamiento del material galvanizado, esta norma aborda el fenómeno desde una perspectiva global, considerando el sistema completo como unidad de análisis.

Este cambio de enfoque es determinante. La norma no se limita a describir mecanismos de corrosión, sino que establece las bases para su prevención, lo que implica intervenir desde la fase de diseño hasta la explotación de la instalación. En este sentido, el documento es directamente aplicable a sistemas HVAC, donde conviven múltiples materiales, condiciones variables de operación y una interacción constante con el agua.

El ámbito de aplicación incluye sistemas de agua fría sanitaria, agua caliente sanitaria, circuitos de climatización, torres de refrigeración y sistemas de protección contra incendios. 

Quedan excluidos los sistemas de vapor y aquellos que utilizan aguas con características especiales fuera del rango habitual.

Desde el punto de vista técnico, este artículo introduce una idea clave: la corrosión no es un problema puntual, sino un proceso inherente al funcionamiento del sistema. Por tanto, la prevención no puede basarse en soluciones aisladas, sino en una estrategia integrada.

  • Normas para consulta

La norma establece la necesidad de considerar documentos complementarios relacionados con materiales, protección, tratamiento de agua y diseño de instalaciones. Este punto, que en apariencia es formal, tiene una implicación técnica profunda: la prevención de la corrosión requiere un enfoque multidisciplinar.

No es posible abordar este fenómeno desde una única especialidad. Es necesario integrar conocimientos de electroquímica, hidráulica, ciencia de materiales y mantenimiento. La norma, al remitir a estos documentos, está indicando que cualquier solución parcial carece de validez técnica.

En la práctica, esto se traduce en que decisiones como la selección de materiales, el dimensionamiento de tuberías o el tratamiento del agua deben tomarse de forma coordinada. La falta de integración entre estas disciplinas es una de las principales causas de fallo en instalaciones reales.

  • Definiciones

El bloque de definiciones introduce conceptos fundamentales para la interpretación del fenómeno de la corrosión en sistemas de agua. 

Entre ellos destacan los conceptos de circuito abierto y circuito cerrado, incrustación, pasivación y despasivación.

La distinción entre circuito abierto y cerrado es especialmente relevante. 

En un circuito cerrado, el agua permanece en el sistema con aportes mínimos, lo que permite estabilizar su composición química y controlar el proceso de corrosión. En cambio, en un circuito abierto, la renovación constante introduce oxígeno y variabilidad química, incrementando significativamente el riesgo.

El concepto de pasivación hace referencia a la formación de capas protectoras sobre la superficie del metal, que reducen la velocidad de corrosión. La despasivación, por el contrario, implica la ruptura de estas capas y el inicio de procesos de degradación acelerada. Estos fenómenos están directamente relacionados con la calidad del agua y las condiciones de operación.

La incrustación, aunque no es un proceso de corrosión en sí mismo, está íntimamente relacionada con ella. La formación de depósitos puede proteger la superficie en algunos casos, pero también puede generar diferencias de potencial y favorecer la corrosión localizada.

  • Aspectos básicos de la corrosión

NATURALEZA DEL PROCESO

La norma define la corrosión como el resultado de la interacción entre un material metálico y su entorno, dando lugar a su degradación. Este proceso puede ser de naturaleza química o electroquímica, siendo esta última la predominante en sistemas de agua.

Desde el punto de vista técnico, esta definición implica que la corrosión no es un fallo, sino un proceso natural. El objetivo no es eliminarla, sino controlarla dentro de límites aceptables.

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CORROSIÓN ELECTROQUÍMICA

El proceso electroquímico requiere la presencia simultánea de un ánodo, un cátodo y un electrolito. En sistemas HVAC, el agua actúa permanentemente como electrolito, lo que garantiza que las condiciones para la corrosión estén siempre presentes.

Este hecho tiene una implicación directa: cualquier instalación de agua está sometida a riesgo de corrosión desde el momento de su puesta en servicio. La diferencia entre un sistema duradero y uno que falla prematuramente reside en la gestión de este proceso.

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FORMACIÓN DE ÁNODOS Y CÁTODOS

La norma establece que la formación de zonas anódicas y catódicas no requiere la presencia de metales distintos. Puede producirse dentro de un mismo material debido a heterogeneidades, tensiones internas o diferencias de aireación.

Este punto es crítico en instalaciones reales. Elementos como soldaduras, uniones, cambios de sección o zonas con acumulación de aire generan condiciones propicias para la formación de pares electroquímicos. Esto explica por qué la corrosión suele iniciarse en puntos concretos y no de forma uniforme.

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FORMAS DE CORROSIÓN

La norma distingue entre corrosión uniforme y localizada. La corrosión uniforme implica una pérdida homogénea de material, mientras que la localizada se concentra en puntos específicos.

Desde el punto de vista de la ingeniería, la corrosión localizada es la más peligrosa, ya que puede provocar fallos estructurales sin una pérdida significativa de material visible. Este tipo de corrosión está estrechamente relacionado con los mecanismos descritos en la UNE-EN 12502-3.

  • Corrosión exterior

INFLUENCIA DEL ENTORNO

La corrosión exterior depende de las condiciones ambientales, incluyendo la humedad, la presencia de contaminantes y la naturaleza de los materiales en contacto. La norma destaca la importancia del diseño en la prevención de este tipo de corrosión.

Elementos como la acumulación de agua, la falta de drenaje o la exposición a ambientes agresivos pueden acelerar significativamente la degradación. Esto implica que el diseño constructivo es un factor determinante en la durabilidad de la instalación.

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SISTEMAS DE PROTECCIÓN

  • Galvanizado

El galvanizado se presenta como un sistema de protección basado en la combinación de efecto barrera, pasivación y protección catódica. Sin embargo, la norma deja claro que su eficacia es limitada en el tiempo y depende del entorno.

La durabilidad del galvanizado está directamente relacionada con el espesor del recubrimiento y la agresividad del ambiente. En condiciones favorables, puede proporcionar una protección prolongada, pero en ambientes agresivos su vida útil se reduce significativamente.

  • Pinturas y recubrimientos

Los sistemas de pintura actúan como barrera física entre el metal y el entorno. La norma establece que su eficacia depende en gran medida de la preparación de la superficie. Una aplicación incorrecta puede comprometer completamente el sistema.

  • Calorifugado

El aislamiento térmico, si no está correctamente diseñado y ejecutado, puede favorecer la acumulación de humedad y generar condiciones de corrosión oculta. Este es un problema frecuente en instalaciones HVAC.

TUBERÍAS EMPOTRADAS Y ENTERRADAS

Las tuberías en contacto con el suelo o con materiales de construcción están expuestas a condiciones variables de humedad y a la posible presencia de corrientes eléctricas. La norma destaca la necesidad de utilizar sistemas de protección adecuados y de evitar el contacto directo con materiales agresivos.

En el caso de tuberías enterradas, el suelo actúa como electrolito, lo que puede favorecer la formación de pilas galvánicas. Esto requiere la implementación de medidas adicionales como recubrimientos específicos o protección catódica.

  • Corrosión interior

INFLUENCIA DEL AGUA

La calidad del agua es el factor más determinante en la corrosión interior. La norma establece que el agua puede comportarse como corrosiva, incrustante o agresiva, en función de su composición química.

Este comportamiento no es estático. Puede variar con el tiempo debido a cambios en el suministro, en las condiciones de operación o en el propio sistema. Por ello, la monitorización continua es esencial.

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Fotos reales de filtros de malla, y algún elemento hidráulico más, encontrados en diferentes instalaciones revisadas donde no se había tenido en cuenta los valores de la calidad del agua ni su tratamiento

CIRCUITOS CERRADOS

En circuitos cerrados, la estabilidad del agua permite un mayor control del proceso de corrosión. Sin embargo, esto solo es posible si se implementan medidas adecuadas de tratamiento y mantenimiento.

La presencia de oxígeno, incluso en pequeñas cantidades, puede desencadenar procesos de corrosión. Por ello, es fundamental garantizar la estanqueidad del sistema y controlar los aportes de agua.

CIRCUITOS ABIERTOS

Los circuitos abiertos presentan un mayor riesgo debido a la renovación continua del agua y a la introducción constante de oxígeno. Este tipo de sistemas requiere un control más riguroso de los parámetros químicos y una mayor frecuencia de mantenimiento.

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  • MANTENIMIENTO Y CONTROL

INFLUENCIA DEL ENTORNO

La norma establece que el mantenimiento es un elemento esencial en la prevención de la corrosión. No se trata de una acción correctiva, sino de un proceso continuo que debe integrarse en la gestión de la instalación.

Esto incluye la monitorización de parámetros del agua, la inspección de los componentes y la aplicación de tratamientos cuando sea necesario. La falta de mantenimiento adecuado conduce inevitablemente al fallo del sistema. 

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CONCLUSIONES FINALES

La aplicación rigurosa de la UNE-EN 12502-3 y la UNE 112076 permite transformar la corrosión de un problema inevitable en un fenómeno controlable. Sin embargo, esto requiere abandonar el enfoque tradicional basado en soluciones materiales y adoptar una visión de ingeniería donde cada decisión de diseño, cada parámetro del agua y cada acción de mantenimiento forman parte de un sistema interdependiente.

La UNE 112076 establece que la corrosión en sistemas de agua es un fenómeno inevitable que debe gestionarse desde una perspectiva global. La durabilidad de la instalación depende de la integración de diseño, calidad del agua y mantenimiento.

La UNE-EN 12502-3 establece que el galvanizado no es un sistema de protección absoluto, sino condicionado. Su comportamiento depende de la interacción entre el material y el entorno, y su durabilidad solo puede garantizarse mediante un análisis técnico riguroso del sistema completo.

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