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Viernes, 23 Octubre 2020 09:58

La importancia de la ventilación en espacios públicos

PRO24 Articulo 4 Foto 0Nunca antes la sociedad había estado tan sensibilizada con la importancia de la ventilación en la edificación

 

 

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Y es que la actualidad manda y a falta de disponer de una vacuna para el control de la COVID-19, la mayor parte de la población sigue las indicaciones que permiten reducir el contagio: Distancia social, mascarillas, lavado frecuente de manos y buena ventilación de los espacios cerrados.

Todas estas medidas pueden ser fácilmente gestionadas a nivel individual, con la excepción de la ventilación. 

Durante los últimos meses son múltiples los científicos que han hecho énfasis en su criticidad en relación a la reducción del riesgo de contagio: Lidia Morawska, Directora del Laboratorio de Calidad del Aire de la Universidad de Queensland y una de las mayores expertas mundiales en calidad del aire y sus efectos sobre la salud, afirma que el mayor riesgo de contagio de enfermedades se produce en los espacios cerrados y llenos de gente -excepto si la ventilación es eficiente-, ya que el riesgo de transmisión por aire en interiores depende de cuatro factores principalmente: alta ocupación, larga duración, vocalización fuerte y mala ventilación. 

En la misma dirección se pronuncia Margarita del Val, viróloga e inmunóloga del CSIC y una de las voces científicas más reconocidas en nuestro país, que insiste en controlar esos factores y en especial la ventilación para reducir de manera drástica el contagio en interiores.

Así pues, nos encontramos en un contexto en el que se nos insiste en la importancia de contar con unos espacios cerrados bien ventilados, pero de los que -en su gran mayoría- el usuario no dispone de información alguna sobre si lo están. Durante los meses de verano, ha habido una clara y lógica tendencia porque las actividades se realizasen al aire libre – conciertos, cine, restauración-. En pocas semanas estaremos de lleno en los meses fríos del año y no será tan fácil que el ocio se traslade al exterior. Hay quien pide que los organismos competentes trabajen una nueva certificación que reconozca los edificios que disponen de un buen sistema de ventilación y que garanticen una óptima calidad del aire, minimizando los riesgos de contagio por aire. Esto permitiría reducir la preocupación por los espacios cerrados.

Teniendo en cuenta esta inquietud general derivada de la situación extraordinaria que vivimos, es normal que el discurso que justifica una buena ventilación de interiores se haya casi limitado al de minorar la proliferación de la pandemia. De todas formas, los efectos de una gestión defectuosa de la misma no se reduce al riesgo de contagio de enfermedades, sino que va mucho más allá.

De manera habitual, las concentraciones de más de 600 ppm en el aire están asociadas a quejas de los usuarios sin una clara interpretación. Se suele decir que el ambiente está cargado. Cuando esta concentración sube por encima de los 1.000 ppm, se entiende que hay una mala ventilación del espacio, y los usuarios empiezan a quejarse por dolor de cabeza, fatiga e irritación de las vías respiratorias superiores (cuello, ojos). Por encima de 10.000 ppm, algunas personas empezarán a tener dificultades para respirar, el pulso se les acelerará, tendrán dolor de cabeza, sudores e hiperventilación.

 

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Para eliminar la mayoría de las quejas o efectos en el comportamiento relacionados con la calidad del aire, el dióxido de carbono debería reducirse por debajo de los niveles indicados por varios organismos internacionales. La REHVA (Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations) recomienda mantener el nivel de concentración de dióxido de carbono por debajo de 1.000 ppm. No es la única. Así pues, la ASHRAE (The American Society of Heating, Refrigerating and Air-Conditioning Engineers) aconseja no exceder los 700 ppm de CO2 por encima de los niveles del aire exterior (suelen situarse sobre los 350 ppm); la NIOSH (National Institute for Occupational Safety and Health) y la OMS también consideran interiores con problemas de ventilación cuando la concentración de CO2 supera los 1.000ppm. 

Y podríamos seguir citando referencias, todas ellas coincidentes en situar el umbral en los 1.000 ppm de dióxido de carbono en interiores. 

¿Pero estas condiciones se cumplen actualmente en los edificios?

PRO24 Articulo 4 Foto 4Existen diversas soluciones en el mercado que tratan desde diferentes puntos de vista una gestión apropiada de la ventilación en espacios comerciales y públicos: sensores que nos informan de los parámetros ambientales, sistemas de ventilación, los softwares de gestión de los sistemas de climatización (y ventilación) o las soluciones que muestran a los visitantes en tiempo real las condiciones ambientales del espacio en el que están.

Desde Enerbrain atacamos el problema desde una doble perspectiva: Por un lado, disponemos de sensores que permiten conocer en tiempo real la calidad del aire en un ambiente determinado y por otro, mejoramos la regulación de los sistemas de ventilación gracias a la inteligencia artificial y al IoT (internet de las cosas).

Conocer más del aire que respiramos. Los sensores inalámbricos eSense permiten conocer en tiempo real los parámetros principales del aire en un edificio: temperatura, humedad, CO2 y componentes orgánicos volátiles.

Los eSense, de calidad industrial, son sensores de calidad industrial fabricados íntegramente en Europa, que disponen de una batería interna que puede  durar varios años antes que tener que recargarse. Son sensores que comunican vía Sigfox o LoRa (IoT), por lo que es necesario utilizar los sistemas de comunicación propios de edificio. 

Los datos recogidos pueden ser consultados vía web o trasladar los resultados a una pantalla que informe a los usuarios de un espacio de la calidad del aire que respiran.

Mejorar la regulación de los sistemas de climatización (y por consiguiente, de ventilación). La solución Energy Cloud de Enerbrain permite optimizar la regulación de los sistemas de climatización gracias a inteligencia artificial y al internet de las cosas. 

Es un sistema que consta de cuatro partes: sensórica eSense, ya comentada en el punto anterior; el algoritmo machine learning, que trata los datos que le llegan de los sensores y que define el mejor modelo predictivo de gestión de la climatización – calefacción, aire acondicionado y ventilación- teniendo en cuenta factores como la inercia térmica del edificio, la ocupación o la climatología; actuadores, que recibirán las ordenes de la Nube y que regularán la gestión del conjunto de la manera más eficiente. El último elemento es la plataforma a partir de la cual el usuario podrá acceder a los datos reales de operación, al histórico, a la definición de las condiciones de consigna y en definitiva, a todos los datos relacionados con el sistema de climatización y a los ahorros que este tipo de gestión aportan sobre el conjunto.

 

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Este sistema maximiza la eficiencia del conjunto, garantizando a la vez estar más del 90% del tiempo en confort térmico – muy superior a los % habituales -. 

Se trata de una solución fácilmente integrable con todas las soluciones de climatización posibles y con todas las marcas. En apenas unas horas, un edificio cualquiera, disponga o no de BMS puede contar con una solución tecnológica con inteligencia artificial que garantizará un mínimo consumo energético del sistema global para garantizar el suministro de las condiciones de temperatura que fije el cliente y los niveles de CO2 establecidos normativamente.

Sin embargo, la pandemia no solo ha conseguido que la población en general se sensibilice de la importancia de la ventilación. La COVID-19 ha modificado las recomendaciones de gestión de los sistemas de ventilación, como por ejemplo:

Asegurar la ventilación de los espacios con aire exterior.

Cambiar la ventilación a velocidad nominal al menos 2h antes del tiempo de uso del edificio y cambiar a velocidad más baja 2h después del tiempo de uso del edificio

Cambiar las unidades de tratamiento de aire con recirculación a aire 100% exterior.

Los ventiladores deben estar siempre funcionando.

Otra de las ventajas de la tecnología Energy Cloud es que su algoritmo puede adaptarse para maximizar la eficiencia energética operando el sistema según estas nuevas recomendaciones, para volver a la operativa convencional una vez la enfermedad esté controlada y no se requieran medidas de control extraordinarias de la ventilación.

Estas son dos de las soluciones enfocadas a tranquilizar a los usuarios y gestores de los edificios públicos. Existen muchas más que tratan la problemática desde otras ópticas con unos objetivos comunes: garantizar las mejores condiciones a los usuarios de espacios cerrados, informarles para tranquilizarles y de esta forma recuperar cuanto antes nuestro estilo de vida habitual. Eso si, respirando un aire más puro.

 

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